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16/Mayo/2012 - Opinión

Droga e hipocresía

Por Rafael Rosselló


Que vivimos en un mundo absolutamente hipócrita es algo que constato diariamente y, por lo tanto, ya no me debería asombrar nada, pero, sin embargo, no dejo de sorprenderme; de hecho, hasta las personas más cercanas a mí, y que creo conocer, me llegan a desconcertar a diario en asuntos cotidianos.

Hace muchos años que vengo defendiendo la teoría del mal menor, que es la que me enseñaron para ejercer mi oficio de marino; es decir, en muchas ocasiones no hay una solución perfecta, pero, entre las opciones que se nos pueden presentar, puede haber una menos mala que otra.

He llevado una existencia, por la que fue mi profesión, muy especial, y he conocido a todo tipo de personas. Siempre he tratado de viajar por la vida intentando desprenderme de toda inclinación a juzgar a nadie, y la mayoría de las veces que he caído en ese error me he equivocado. Por lo tanto voy a tratar de ser absolutamente objetivo en este artículo.

Hasta hace treinta años, más o menos; es decir, hasta que murió Franco, el hachís, por poner el ejemplo de "droga" más común, era simplemente ignorado, tan ignorado que los legionarios que cumplían su servicio en Ceuta y Melilla lo traían, entonces se llama "grifa", y no lo quería nadie. Obviamente, como el precio lo marca la oferta y la demanda, ese producto milenario no adquiría un valor interesante como para que los contrabandistas se dedicasen a él, y centraban sus esfuerzos en el tabaco americano y el alcohol: a nadie se le hubiese ocurrido coger una embarcación y atravesar el Estrecho para traerse la famosa "grifa". Por supuesto, en aquel entonces no existía ni la Guardia Civil del Mar ni el Servicio de Vigilancia Aduanera, y no existían porque no hacía mucha falta ya que, como he dicho, la "grifa" no revestía la menor importancia y no se estilaba la llegada con pateras llenas de subsaharianos porque no se repartían cartillas sanitarias ni se podía andar por la calle indocumentado.

Pero de repente llega la democracia y España sufre un cambio radical: una de las primeras cosas que hacen es nombrar a un delegado del Plan Nacional sobre las drogas e, imagino yo, siguiendo las pautas de otros países del entorno y de EEUU, se decide que el cannabis es una droga y por tanto hay que luchar contra el tráfico de ese "estupefaciente". Justo al día siguiente, pasó de llamarse "grifa" a denominarse "hachís" y se empezó a poner de moda, con lo que su cotización pegó una subida en el mercado que para si la quisiese el IBEX 35. El negocio empezó a fraguarse y, según se iban poniendo medios para impedir el tráfico de hachís, más subía su precio. Tanto subió que bandas organizadas comenzaron a instalarse en nuestro país. En aquellos momentos no existía el euro y había muchas monedas con las que las grandes organizaciones del hampa tenían que trabajar y eso era un grave inconveniente para ellos. Con la inserción del hachís en la lista de drogas en nuestro país, y los medios para luchar contra ella, se les solucionaba un serio problema a esos grupos que traficaban principalmente con armas y con drogas duras, y era que les acababan de poner a su alcance una valiosa moneda con la que podían hacer sus trueques: el hachís. Efectivamente, el negocio se instaló desde España de la siguiente manera, y utilizo la moneda actual para que nos hagamos una idea más gráfica del supino error que cometieron nuestros dirigentes: un kilo de hachís en la montaña de Marruecos valía escasamente lo que equivale a veinte euros actuales, puesto en la playa de Marruecos unos cuatrocientos, con el transporte, la descarga y la entrega en España, pasaba a valer lo que equivaldría a unos dos mil euros; pero ese precio se incrementa hasta lo que equivalía a seis mil euros actuales en los países del norte de Europa, con lo que en muchas ocasiones, ese hachís, se cambiaba por otro tipo de drogas, por ejemplo la cocaína, que en esos países estaba a mitad de precio que en España y se duplicaba o triplicaba el negocio sin necesidad de intercambiar moneda alguna. De hecho, se empezó a inundar nuestro país de drogas que nunca habíamos visto.
Pero, ¿el negocio es sólo para los traficantes o también se enriquecen los gobiernos de los países? Hay un libro que aconsejo leer que se titula "Cobra" y es del escritor Frederick Forsyth, donde trata este tema y yo creo que se ajusta mucho a la realidad. Las drogas son de gran utilidad a los estados, lo son como medio de ingresos; sólo a nivel legal, las multas subsidiarias a las condenan a los traficantes que logran atrapar son de tal índole que ya de por si es rentable. Por otro lado, la excusa de las drogas, y de su tráfico, ha sido de muy buena utilidad a ciertos estados que necesitan aventuras bélicas con cierta regularidad para rentabilizar sus fábricas de armamento, desestabilizar gobiernos molestos o invasiones de lugares estratégicos como hicieron en Panamá. Indiscutiblemente, la palabra "narcotraficante", hoy en día, tiene peor reputación que la de terrorista: si hiciésemos una encuesta en España y, como hiciese Poncio Pilatos, nos diesen a elegir entre liberar a un De Juana Chaos o un Laureano Oubiña, sin género de dudas se liberaría a De Juana Chaos. Otra prueba de la absoluta hipocresía en este asunto es que todos los países consideran legal el consumo, pero prohíben el tráfico. A ver quién entiende esto: si yo te digo que puedes fumarte todos los "porros" que quieras; es más, es legal hasta que lo compres si es para tu consumo personal, pero meto en el "trullo" al que te lo venda, ¿qué pensarías?, yo, por mi parte, creo que esto es como incitar al delito, ¿o no?, y la incitación al delito no deja de ser otro delito en nuestro Código Penal. Y además queda claro que lo que menos les interesa es nuestra saludo porque, si fuese así, prohibirian también el consumo, ¿o no?

Pero aún hay más, los estados adoctrinan de tal manera al pueblo que precisamente los que habitualmente, cuando salen de marcha, se meten unos "tiritos" y se fuman unos "petardos" son los que más se rasgan las vestiduras cuando se trata este tema: son los más intransigentes con este asunto, pero, a la vez, los más permisivos con sus "camellos" personales que llegan a tratar con tanta deferencia y cariño que parece que fuesen miembros de su propia familia .

Pero hay aún más, los estados, principalmente el Español, ha llegado a convencer a la población de que el hachís es el peor mal que hay sobre la faz de la tierra porque, según ellos, se empieza con el hachís y se acaba enganchado a la heroína. Todo esto mientras, al mismo tiempo, aconsejan que consumamos vino español que es muy sano. Seamos serios, el vino, el alcohol, mata; el hachís no: el coma etílico, el delirium tremens, la cirrosis, y las terapias que hay que dar gratuitamente para paliar los daños directos y colaterales del alcohol no son ni por asomo equiparables a la afición al hachís y, aunque lo fuese, que no lo es, el alcohol no tiene prohibida su venta, ni a los bodegueros se les llama narcotraficantes, ni a los dueños de los bares "camellos". No existe una droga de iniciación: la droga de iniciación es la que primero te ofrecen y, puestos a buscar una, no cabe la menor duda de que siempre se empieza por el alcohol.

Pero es que para acabar de demostrar la hipocresía que se cierne en este asunto, hace poco se celebró la conferencia Panamericana a la que acudió el Presidente de los Estados Unidos, señor Barack Obama. Los estados miembros expusieron que la mejor manera de acabar con la violencia en sus países, algunos ya ingobernables, era legalizar el tráfico de cocaína. Obviamente, el Presidente de los Estados Unidos, alegó que su país jamás legalizaría dicho tráfico. Bueno, pues exactamente dos semanas después se entera el mundo que Estados Unidos ha llegado a un pacto con los grandes capos de los carteles de la droga por el cual si entregan la mitad de sus fortunas a los Estados Unidos serán condenados a unas penas simbólicas, máximo tres años, y se les otorgará la residencia en Estados Unidos para que puedan disfrutar, sin problemas, de la otra mitad de sus fortunas como ciudadanos respetables; a esos mismos capos cuyos colegas cumplen la mayoría cadena perpetua en ese país que les ofrece ahora, a estos otros, una jubilación dorada porque necesitan urgentemente dinero, y como están necesitados han dejado de ser escrupulosos con el origen de esas fortunas. ¿Puede haber algo más hipócrita?

Si las drogas se legalizasen, y se regularizase su consumo, para empezar habría muchos menos muertos: por una parte, los que generan la adulteración de las drogas ya que no habría ninguna necesidad de adulterarlas; por otro lado, los que se producen entre las propias bandas. Este último punto también creo que merece una explicación. En las relaciones normales, entre empresas legales, cuando surgen problemas se acude a los tribunales y éstos se ocupan de juzgar y condenar. Cuando las transacciones se realizan en circuitos no legales, cuando surgen desavenencias, son las mismas organizaciones las que se ocupan de hacer "justicia", y normalmente son muchísimo más expeditivos que la justicia ordinaria.

Evidentemente, con la legalización de las drogas, se desmasificarían las cárceles: el setenta por ciento de los presos que hay son por asuntos relacionados con el tráfico de drogas.De la misma manera, se descongestionarían los juzgados: hoy tardan las causas en ser juzgadas hasta más de cuatro años debido a la acumulación de casos relacionados con este tema.

Por último, con la legalización de las drogas, se destruiría la principal fuente de financiación de grupos paramilitares próximos al terrorismo. Los sistemas "paternalistas" de prohibiciones no conducen a nada; son mucho más efectivas las campañas informativas, y una vez que se haya explicado las consecuencias del consumo, y que estén esas sustancias perfectamente reguladas, que cada uno haga lo que crea conveniente si es mayor de edad, pero lo que sí evitaríamos es que se atraque o mate por estas sustancias que si se caracterizan por algo es por su escaso precio en origen.

Estados Unidos, promotor de las prohibiciones, y que ha presionado al resto de los países para que adoptasen las mismas medidas arrastrando a algunos hasta a una autentica guerra civil, lo sabe muy bien: con la famosa "Ley Seca" lo único que consiguieron fue regar las calles de asesinatos, crear la atmosfera, el marco perfecto, para que se desarrollasen las mafias que llegaron a corromper, y siguen corrompiendo, todos los ámbitos de la sociedad norteamericana y, por último, que durante ese periodo de la Ley Seca hubiese un incremento alarmante de alcohólicos en ese país.
Entiendo perfectamente la desesperación de las familias de esos drogadictos que llegan a robar, a atemorizar a sus propios padres, y a arruinar a todo el mundo para conseguir dinero para poder comprar esa droga, pero el problema está precisamente ahí, que necesitan dinero, y mucho, para obtener esas drogas de verdad como es la heroína, cocaína, etc., y que llegan a utilizar la violencia fruto de la desesperación por su adicción: el problema es precisamente que al estar prohibidas su precio es muy alto, si no costasen nada el problema se reduciría a la adicción, pero se evitarían esos medios violentos para conseguir el dinero con el que poder drogarse. Nadie roba para comprar un paquete de tabaco, por muy enganchado que esté a él: el motivo es muy sencillo, un paquete de tabaco vale cuatro euros y a un cigarrillo te invita cualquiera.
Este artículo no es una apología a las drogas. Soy de las personas que piensan que nacemos, salvo lamentables excepciones, con un cuerpo perfecto y nos dedicamos toda la vida a destrozarlo, pero, al mismo tiempo, soy contrario a las prohibiciones y sobre todo a la hipocresía.

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