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08/Junio/2012 - Opinión

A vuelapluma: por José Ignacio Crespo

La agenda oculta


No me dejó el candidato García Urbano decirle las verdades del barquero a la cara porque con el pretexto escapista y falaz de no querer debatir con imputados se escaqueó de comparecer ante todos los esteponeros a través de los medios locales, pero teniendo enfrente no un entrevistador amable, cuando no complaciente y pelota, sino un tipo conocedor de los problemas de la ciudad, de vuelta de algunas cosas, machacado popularmente por las durísimas desventuras judiciales, pero que no da un paso atrás ni para coger impulso y a quien no se le despacha tranquilamente con dos de pipas, ni un notario, ni San Pedro que bajara del cielo. Dije que el candidato G. Urbano tenía una agenda oculta y ya lo estamos notando y anotando en estos días tristes de asesinatos laborales con premeditación, alevosía, nocturnidad, en despoblado y en cuadrilla.
Fui yo, sí señor, quien tuvo los redaños de decir en plena campaña electoral que la plantilla municipal estaba claramente sobredimensionada y que pintaban bastos con una crisis durísima asomando los hocicos. Se me echaron encima unos, otros cambiaron su intención de voto. No me arrepiento. Yo siempre hablé- ahí están las hemerotecas y videotecas- de un expediente de regulación de empleo TEMPORAL, el tiempo imprescindible para volver a equilibrar nuestras cuentas, articulando un mecanismo de reincorporación gradual y progresiva de los trabajadores apartados temporalmente. Así pensaba entonces y lo dije.
Dije también que el único criterio posible para salvaguardar la objetividad y pureza del proceso- si es que en algún caso se puede calificar de puro a un proceso repugnante como éste- era el de la antigüedad, exclusivamente la antigüedad porque si introducíamos otros parámetros, so pretexto de la reorganización, dejaríamos la puerta abierta a la subjetividad, y por tanto al capricho, la injusticia y el amiguismo solapado. Pero ya no pienso igual porque en un año las cosas han cambiado. Somos mucho más pobres, estamos mucho más inseguros, la gente está aterrada porque tiene verdaderas dificultades para sobrevivir. En estas circunstancias si yo fuera el alcalde de nuestra ciudad que, créanme, hace algún tiempo que dejé de querer serlo, no permitiría que una sola familia se fuese a la calle con la que está cayendo.
Ahora toca apretar el culo y aguantar, pero todos, incluidos los funcionarios, que se creen intocables porque han superado un examen tantas veces preparado a medida del examinando y sé bien de lo que hablo. Qué jodida clase de solidaridad es ésta que consiste sólo en mirar si se está en la lista y si no babear agradecido, y palmear la espalda de los depurados con aire compungido. Los que se quedan dentro no tienen en ningún caso más mérito que los que se van. Los sindicatos deberían detener la sangría de esta purga por las buenas o por las barricadas, si es que les queda un ápice de fuerza o de vergüenza.
El candidato G. Urbano se ha convertido en el alcalde de la ciudad y en esa transformación se ha operado la suya personal. De una persona sencilla, amable e inteligente, se ha trocado en alguien irritado, con buenas dosis de soberbia al tratar a los informadores y mentiroso, porque ha mentido de una forma palmaria, cambiando sus promesas electorales so pretexto de que el constipado resultó que era neumonía. Ha entregado ya al cadalso a cuatrocientos trabajadores por la vía oscura de las privatizaciones, y ahora quiere arrojar a la pira funeraria a estos pobres desgraciados que, sabe Dios por qué, son ya presa de esta caza de brujas vergonzante. Ahora le queda, así lo ha dicho, vender el patrimonio que nos queda. Qué nos queda.
Puede que los señalados en la lista no quieran ya nunca más mirar a la cara de sus verdugos, pero han de tener claro que tampoco deberán hacerlo a la cara de los amigos de sus verdugos, que son todos aquellos que pudiendo hacer algo por evitarlo, no lo hicieron. Señor alcalde, con mis respetos, cuando al llegar al poder uno se encuentra o dice encontrarse con una tarea ingente, superior a la prevista, que sólo podría acometer traicionando sus promesas, compromisos y programa, la única salida es dimitir y quedar como Dios. Lo demás es deslegitimarse. Usted verá.

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