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30/Junio/2012 - Opinión

A vuelapluma: por José Ignacio Crespo

Cuestión de pelotas


En estos días me hacen llegar informaciones anónimas para alertarme sobre los entresijos de los despidos colectivos que se vienen cocinando en los fogones del Ayuntamiento del Partido Popular, el mismo partido que se aupó al poder municipal gracias a una campaña al margen del debate con el resto de fuerzas políticas, y desplegando un recetario de soluciones frente a la crisis económica y el paro que, un año después, se ha revelado como un mero ardid lisonjero para cortejar a los votantes o, dicho en román paladino, prometer antes de meter y después de haber metido nada de lo prometido.

Me dicen que, en efecto, García Urbano se ha servido de un puñado de soplones que han ido confeccionando una lista negra de desafectos al régimen( ellos dicen al trabajo), cuidando muy bien de poner primero a salvo a todos aquellos adscritos a servicios o departamentos llamados a desaparecer que estuviesen en buena relación con la corriente de pensamiento dominante, quiero decir que hubiesen hecho la campaña electoral para don José María, incluidos algunos/as socialistas reconvertidos de súbito en azulitas gaviotas, y excluidos algunos travestidos de última hora que no han logrado salvar el pellejo pese a sus patéticos y agónicos aleteos-pegatina al pecho- sobre las mesas electorales de los populares.

Parece que lo del despacho de abogados de Málaga no ha pasado de marcar los tiempos y procurar la legalidad del proceso, todo lo demás se ha cocinado aquí, y parece también que el alcalde prefiere esta solución de despedir personal que la de rebajarse todo el mundo el salario hasta enjugar los seis millones de marras, porque está convencido, primero, que con los despedidos se quita un lastre de trabajadores flojos o menos buenos, y segundo, las rebajas salariales vendrán después para todos, siguiendo la estela del gobierno de la Nación, quiero decir de Europa, que ya está comenzando a mirar a los funcionarios como los siguientes a meter mano.

Pero no todo son palos para el gobierno municipal, que también me cuentan que están de los sindicatos hasta los mismísimos, que qué queda de la cacareada unidad sindical, que aquí cada uno hace la guerra por su cuenta, y que tiene razón Fernández Figares, edil de personal, que han sido incapaces de plantear soluciones alternativas, realistas y efectivas, en los dos meses que llevan negociando. Y yo creo que hay un poco de verdad en esta queja, porque llevamos todo este tiempo hablando que si de laborales, que si de funcionarios, que si de técnicos, que si rojos, que si azules, y uno se pregunta si es que no son todos, los unos y los otros, trabajadores, empleados públicos, personas. Ahora se echan a la calle con la eufemística fórmula de protestar contra la supresión de servicios básicos, como si les diera vergüenza o arrobo protestar lisa y llanamente por sus despidos, que lo uno conllevaría lo otro, digo yo. Pasa que no tienen mucha confianza en que así planteado, como protesta contra despidos, vaya a caer simpático al contribuyente.

Mientras preparamos la Feria para la semana que viene, vamos a seguir rogando a San Iker y a todo el apostolado de la roja para que sigan haciéndonos olvidar que nos quieren colocar en el furgón de cola del tren europeo, y que lo sigan haciendo por el delicioso método de derrotar con la pelotita a los mismos que tanto nos tocan las mismas.


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