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26/Julio/2012 - Opinión

A vuelapluma: por José Ignacio Crespo

El gran disparate


El ERE de Estepona está siendo un disparate cuyos últimos capítulos aún no se han escrito. Disparatada ha sido desde el principio la actuación del gobierno de García Urbano incumpliendo a las primeras de cambio su cacareado y mil veces reiterado compromiso electoral de no realizar despidos con el que, entre otros, se alzó con una victoria que, desde esta óptica, no puede considerarse alcanzada en buena lid, especialmente si tenemos en cuenta que algún contendiente sí abordó el asunto de frente y sin ambages. Continuó el disparate con la tortura moral a que se sometió al grupo de trabajadores estigmatizados al revelar su inclusión en la lista negra, imposibilitando al tiempo la solución alternativa de la bajada generalizada de salarios, toda vez que la condición humana no da para ejercicios de solidaridad en asuntos concernientes al bolsillo, como una vez más ha quedado demostrado. Durante estos meses de calvario hemos podido comprobar, además, la impureza del procedimiento, con la existencia de claros agravios comparativos, ya sea por favoritismo, incompetencia o revanchismo. Lo cierto es que ni son todos los que están, ni están todos los que serían, pudieran o debieran estar. El disparate ha continuado con humillantes simulacros de negociación, a sabiendas de que, filtrada la lista, la suerte estaba echada, llegando incluso, en un alarde del más puro maquiavelismo político, a forzar in extremis desde el Ayuntamiento una votación secreta para que los trabajadores se pronunciaran sobre esa pretendida alternativa ERE/rebaja salarial... Si no fuera tan triste me partiría de la risa.

Disparatado ha sido el papel de los sindicatos, que han demostrado, una vez más, su desunión, su incompetencia negociadora y su incapacidad de convocatoria y movilización. Desde el comienzo se ha visto claramente que García Urbano es mucho más listo que ellos y les iba a comer la merienda. Sibilinamente, acercándose a algunos ha ido marcando distancias y buscando apoyos silentes, fomentando la desunión sindical hasta el frentismo. En la mesa de negociaciones han mantenido los representantes sindicales una posición rígida en exceso, ignorando los tiempos que corren, han ido siempre a remolque de las pautas marcadas por el gobierno en una actitud estúpidamente confiada o irresponsable, y sólo al final, cuando era demasiado tarde, han aparentado una reacción decepcionante por insuficiente. Paralelamente, durante todo el proceso, han sido incapaces de movilizar al grueso de la plantilla municipal como corresponde a su función y responsabilidad, contentándose con reunir a duras penas a los directamente afectados en unas silbatinas inocuas e ingenuas.

Disparatado ha sido el comportamiento de los trabajadores no incluidos en la lista negra, con su silencio cómplice, incluso la participación activa de algunos, prestándose a acudir raudos a la convocatoria falsaria de García Urbano para votar la no menos falsaria alternativa a los despidos colectivos, pronunciándose a favor de éstos. Se han quedado a gustito, mirando para otro lado, por ahora, dentro del Ayuntamiento. Desoyen, sin embargo, algunas voces, como la de Bertolt Brecht cuando escribió aquello de: "Primero vinieron a buscar a los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron a por los judíos, y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron a por los sindicalistas, y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron a por los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron a por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada."


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